Orea ha vivido una de sus Semanas Santas más concurridas y vibrantes de los últimos años. Durante estos días, nuestras calles han recuperado ese latido especial que solo el encuentro entre vecinos y visitantes sabe dar. Sin embargo, este balance nos deja un sabor agridulce: por un lado, el éxito rotundo de la convivencia y, por otro, una serie de actos que nos obligan a reflexionar sobre el respeto a nuestro entorno.
Desde estas líneas, queremos expresar nuestro más sincero agradecimiento a los miembros de la Comisión de Fiestas. Gracias a su esfuerzo desinteresado y a su capacidad de organización, Orea ha disfrutado de una programación de primer nivel. No es fácil coordinar eventos para todas las edades, y ellos lo han logrado con nota.
-
Viernes 3 de abril. El II Concurso de Paellas fue un éxito de participación. El aroma a los ingredientes propios de los arroces y el ambiente de jolgorio resonando en el pabellón demostraron que no hay nada como sentarse a la mesa para hacer comunidad. A nivel gastronómico fue un concurso con un nivel muy alto y esperemos que continue así a lo largo de los años.
-
Sábado 4 de abril. La jornada comenzó rescatando nuestras raíces con un taller de juegos tradicionales, una iniciativa preciosa para que los más jóvenes no olviden cómo se divertían nuestros mayores. La tarde se vistió de gala con el concierto de Flamenco Amanecer, que nos regaló un tardeo lleno de arte y emoción.
-
Las noches de discomóviles: Tanto el viernes como el sábado, las discomóviles pusieron el broche de oro, congregando a muchísima gente (incluso de otros pueblos) con ganas de bailar y disfrutar hasta bien entrada la madrugada.
-
Las procesiones. Un año más, el sentimiento religioso ha sido exihibido por las calles de nuestro pueblo. Reconocer la labor de los más jóvenes que se animaron a cargar el gran peso de las imágenes, además de nuestros más veteranos porteadores.
A pesar de lo bien que lo hemos pasado, no podemos —ni queremos— pasar por alto los comportamientos inaceptables de una minoría que empaña el trabajo de todos. Nos encanta la fiesta, pero estamos totalmente en contra del vandalismo.
Es doloroso ver cómo se han robado ornamentos de las fachadas de los vecinos, elementos personales puestos con cariño para embellecer nuestras calles. Hacemos un llamamiento directo: quien se llevara el ornamento de un perro propiedad de una vecina en particular, por favor, que lo devuelva. No es una travesura; es una falta de respeto a una persona de nuestro pueblo.
Además, recalcar como hemos hecho otras veces, que cuando se le da un golpe a un coche de un vecino, lo honrado, lo civilizado y lo correcto es dejar una nota o avisar al propio vecino del golpe. Irse sin más solo nos muestra un acto cobarde e idiota que recordemos puede acabar en denuncia.
Asimismo, la imagen de suciedad tras las noches de fiesta ha sido desoladora. La acumulación de botellas, plásticos y restos de suciedad en la puerta del Pabellón, en la calle Cabrillas, en el Centro de Interpretación, en el parque y en la zona de los Forestales es una falta de civismo que no podemos tolerar. Orea es nuestra casa, y a nadie le gusta ver su casa convertida en un vertedero. Pedimos colaboración máxima para que esto no vuelva a ocurrir. Disfrutar no es sinónimo de ensuciar.
El punto más crítico de estos días ocurrió el domingo sobre el mediodía, un suceso que pudo haber terminado en desastre forestal. Un individuo, de forma totalmente negligente y prohibida, cortó un pino verde esa misma mañana y procedió a prender fuego a sus ramas y deshechos en una de las parideras abandonadas de la zona de Peñas Rubias. Las llamas llegaron a quemar la viga de la propia paridera, poniendo en riesgo no solo la estructura de la propia paridera, sino todo nuestro monte.
Queremos dar un agradecimiento infinito a los efectivos de Protección Civil de Orea, quienes actuaron con una rapidez y profesionalidad admirables para sofocar las llamas. Gracias de todo corazón a:
-
Andrés
-
Germán
-
Javi (Jefe de Protección Civil)
Vuestra vigilancia y vuestra entrega son lo que realmente mantiene a salvo a nuestro pueblo. Gracias por estar ahí cuando la imprudencia de uno pone en peligro el hogar de todos.
Orea ha demostrado que sabe organizar y disfrutar de grandes eventos. Ahora, el reto es demostrar que también sabemos cuidarlos. Que la próxima vez que nos reunamos, la única noticia sea el éxito y la alegría, y que el respeto sea el invitado principal.
¡Por un Orea vivo, limpio y unido!